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Tauromaquia: Corridas de toros

El dominio por la fuerza y la humillación de un ser indefenso en ningún caso se puede considerar cultura, sino que constituye un homenaje a la peor crueldad humana, que es hacer del dolor una fiesta.

Las corridas de toros son un resquicio brutal de barbarie en nuestra sociedad. Este espectáculo, absolutamente anacrónico, todavía es una lacra de la sociedad española por culpa de la incultura y sobre todo debido a los intereses económicos de unos pocos.

 

Su origen más remoto es todavía confuso, pero lo que se ha podido verificar históricamente es que su antecedente más evidente es el circo romano. Posteriormente, durante la Edad Media, en los torneos medievales los aristócratas también alanceaban toros. De esta manera exhibían su fuerza militar, lo cual se convertía en un espectáculo para el pueblo llano. Los animales, sufriendo la tortura en sus carnes, eran el blanco de una de las formas de agresividad que garantizaba la rigurosidad de una estructura social tremendamente desigual, ya que de esta manera el pueblo llano como espectador era el receptor pasivo de la violencia exhibida por los poderosos. Durante el siglo XIX, bajo el mandato de Restauración absolutista de Fernando VII, las corridas de toros empezaron a calar entre las clases populares a propósito de las clases más acomodadas. Fue entonces cuando se abrió la primera escuela de tauromaquia, justo en la misma época en la cual la monarquía absolutista, un sistema ya caduco en la Europa del XIX, ordenó la clausura de las universidades españolas.

 

Esta fue una de las épocas más nefastas de la Historia de España, justo en la que las corridas de toros progresivamente se convirtieron en el desahogo de las frustraciones. El animal se convertía en la víctima en la que descargar toda la vileza y agresividad humana.

 

Finalmente, durante la Dictadura de Franco, esta barbarie fue elevada a la categoría de “Fiesta Nacional de España”.

 

En la actualidad, el coste de este tipo de prácticas y sus derivados (encierros, toros embolados, toros ensogados, toros a la mar, etc.) representan para tod@s l@s contribuyentes un desembolso de miles de millones, aproximadamente unos 47 euros por familia, cada año, en forma de impuestos.

 

Los aficionados a las corridas de toros cada vez son menos, con lo cual la mayoría de plazas de este país son deficitarias y a tod@s se nos impone la obligación fiscal de contribuir a cubrir este déficit. La mayoría de plazas son propiedad de instituciones públicas, tales como ayuntamientos o gobiernos autonómicos. Por ello la organización de encierros y corridas de toros sólo es posible gracias a los 564 millones de euros que reciben en forma de subvenciones cada año. Con todo este dinero se financian escuelas taurinas, compra de los animales, sueldo de los toreros, publicidad de corridas… pero no incluye las subvenciones que reciben los ganaderos que crían toro de lidia, lo cual significa que, en realidad, el mundo taurino todavía se lleva más dinero público.

 

Sólo la comunidad Andaluza invirtió 2,5 millones de euros durante el año 2006 para publicitar de corridas toros.

 


LA TORTURA

 

El toro es un animal herbívoro y por lo tanto pacífico. Su instinto de defensa frente a situaciones de miedo le lleva a intentar huir en lugar de atacar. Sólo a base de castigos y manipulaciones se consigue alterar su naturaleza tranquila. En la plaza el toro lo único que busca desesperadamente es una salida para poder huir. Por esta razón lo primero que hacen los toros cuando entran al ruedo es dar varias vueltas. Finalmente, como no hay escapatoria posible, deben afrontar la terrible situación. Sus supuestos ataques son intentos desesperados para intentar defenderse de unos agresores armados. Aún así, algunos toros no pierden la esperanza de huir. Una prueba de ello son los toros que se han abalanzado sobre la gradería donde se encuentra el público. Uno de los casos que causó mayor estupor en todo el mundo, fue el del toro Pajarito, que, desesperado, se abalanzó sobre las graderías en la plaza de toros Monumental de Ciudad de México.

 

Aunque se tratara de un animal de naturaleza más fiera este espectáculo tampoco sería justificable, ya que formaría parte de la manipulación que los seres humanos ejercen sobre otros animales para sus caprichos.

 

Las torturas empiezan mucho antes de que los toros salgan al ruedo. Durante los días previos a la corrida los toros no son alimentados, y durante las últimas horas tampoco se les proporciona agua. Para prepararles para la corrida se les mantiene a oscuras durante horas, se les recortan y liman los cuernos (hecho conocido en argot taurino como el “afeitado”). De esta manera se les priva de su única defensa.

 

También se les propician palizas, golpeándolos con sacos de arena o palos en los riñones y en los testículos, con el objetivo de disminuir su fuerza. Les untan los ojos con vaselina para disminuir su visión, ya mala de por sí. Les hacen cortes en las pezuñas, untándoselas con aguarrás. Les introducen algodón en la nariz para dificultar su respiración. Les tapan las orejas con papel de periódico húmedo para hacerles perder equilibrio y reflejos. Y ya desde semanas antes se les empieza a suministrar laxantes mezclados con la comida para debilitarlos.

 

Todas estas prácticas están prohibidas por el mismo reglamento taurino, pero se realizan de forma oculta, ya que lógicamente todo esto no se hace en el ruedo a la vista del público. Aún así, han sido confirmadas por algunos veterinarios y trabajadores de cosos taurinos.

 

En este debilitado estado, el toro tiene que salir del toril hacia al ruedo, donde tiene lugar la parte más cruenta y conocida por tod@s:

 

En el momento de salir se le clava la “divisa” (un objeto punzante más pequeño que los que le clavarán a continuación). La divisa es según los taurinos un distintivo de la ganadería, pero en realidad la verdadera finalidad de esta es causar dolor al toro en el momento de salir, para asustarle y para que salga de manera brusca, y muestre una apariencia fiera y alterada.

 

La tortura reglamentada a la cual se someterá al toro se divide en tres tercios, los cuales también se conocen como suertes, según el argot taurino.

 


EL TERCIO DE VARAS

 

El picador (torero a caballo) introduce una puya (lanza de madera provista con un objeto punzante de metal en la punta) que penetra hasta 40 cm., realizando movimientos para desgarrar y horadar la carne del animal, provocándole intensas hemorragias y un dolor inmenso. Debido a la gran pérdida de sangre, los toros padecen una sed insoportable que en ocasiones llevan a los toros a lamer su propia sangre. El picador debe realizar un mínimo de dos puyazos por toro.

 


EL TERCIO DE BANDERILLAS

 

Las banderillas son lanzas de madera de unos 70 cm. de longitud y 18 mm. de diámetro. Están provistas con arpones de acero afilados y cortantes de unos 6 cm. Suelen estar decoradas con los colores de la bandera española o los de las comunidades autónomas. Serán clavadas en el lomo del toro con finalidad de “humillarlo”, es decir, que agache la cabeza para que el matador pueda clavarle la espada mortal.

 

Según el reglamento taurino, a cada toro se le debe castigar con tres pares de banderillas.

 


TERCIO DE MUERTE O SUERTE SUPREMA

 

El estoque (espada de un metro que se usa con objetivo atravesar el corazón) penetra 45 cm., seccionando vasos sanguíneos vitales, lo cual produce una hemorragia interna masiva que no se percibe desde el exterior, pero que supone una infernal agonía para el animal.

 

En el mejor de los casos este será el final del sufrimiento del toro, pero con frecuencia los matadores fallan sus estocadas y deben repetir una y otra vez la introducción del estoque, lo cual supone la perforación de los pulmones, que se van encharcando de sangre. No es infrecuente escuchar que el animal ha recibido hasta diez estocadas y que empiece a vomitar sangre de manera pavorosa, si no lo ha hecho desde antes.

 

Los bóvidos tienen una resistencia y un instinto de supervivencia extraordinarios. Sin embargo, este excelente atributo en este caso alarga la agonía, ya que en algunos casos ni aún así mueren, y se recurre a la puntilla (cuchillo que secciona la médula espinal), que deja al animal paralizado, pero no inconsciente, lo cual significa todavía vivo y consiente.


 

 

TROFEOS PARA LOS TOREROS

 

Como trofeos al toro se cortan las orejas, y si la afición lo considera oportuno, también el rabo, para ser entregadas como recompensa al matador. El animal, que aún puede estar agonizando y plenamente consciente, puede sentir cómo le mutilan. Existen pruebas videográficas en las que se pueden ver toros pataleando mientras les cortan las orejas. Finalmente un carro tirado por dos mulas arrastrará al toro hacia el desolladero.

 

Los caballos son también víctimas de la brutalidad de las corridas de toros. Deben actuar como muro de contención, y los golpes que reciben les causan hemorragias internas. En numerosas ocasiones reciben cornadas que les abren las tripas, ocultas por el peto. A menudo se las vuelven a meter dentro y se los cose para que vuelvan a salir.

 

Es necesario drogarlos (inclusive con inyecciones de morfina) y taparles un ojo para que no vean al toro y no intenten huir. También se les cortan las cuerdas vocales para que no puedan gritar de dolor. En palabras de los propios taurinos, se ha llegado a decir que esto se hace para que los gemidos del caballo no puedan herir la sensibilidad de los espectadores.

 

Los caballos usados en las corridas de toros suelen ser viejos, y por esta razón están poco valorados en el mercado. No es extraño que muchos fallezcan horas después de haber participado en una corrida de toros, lo cual ya está previsto por quienes les han conducido a este infierno.

 

Desgraciadamente el maltrato a los toros en España no se limita exclusivamente a las corridas de toros que todos conocemos. También existen diferentes festejos populares en que se emplean animales (fundamentalmente toros y vaquillas), y que suponen una fuente importante de ingresos para los ganaderos, al vender aquellos animales que no se consideran aptos para las corridas. Estos festejos son muy comunes en muchas provincias de España y suponen una de las causas más comunes de expresión de brutalidad y chabacanería de la incultura española. Sin embargo, gran parte de la población residente en grandes ciudades no tiene conocimiento de la existencia de estas barbaridades tan comunes en un gran número de pueblos. Solamente podemos ofrecer un resumen de las fiestas crueles que se celebran en España, porque existen cerca de 3.000.

 

El dominio por la fuerza y la humillación de un ser indefenso en ningún caso se puede considerar cultura, sino que constituye un homenaje a la peor crueldad humana, que es hacer del dolor una fiesta.

 

La inmensa mayoría de la población es contraria a las corridas de toros y sus variantes pueblerinas. Es responsabilidad de tod@s actuar para acabar con esta barbarie que pagamos tod@s y que sólo sirve para enriquecer a unos pocos y perpetuar un modelo de dominación del hombre sobre el animal y una supuesta cultura española llena de caspa y sangre.

 

Cada año 60.000 toros son torturados antes de morir en nuestro país. España es el país del mundo en el que se maltratan más animales en las celebraciones fiestas populares tradicionales. En la mayoría de los casos estas fiestas se realizan en honor a santos y vírgenes, con lo cual cuentan con la bendición de la Iglesia Católica (ver el artículo Tauromaquia: Festejos Populares).