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Caza

El mantenimiento ecológico y preservación de especies es solamente una excusa para sustentar un negocio basado en hacer sufrir a seres sensibles.

LOS NÚMEROS DE LA CAZA

 

Las licencias de caza en España van disminuyendo año tras año. Si en 1990 había más de 1.440.000, en el año 2000 su número era de aproximadamente 1.200.000, y en 2007 rondaba el de 1.000.000. De cualquier modo, no hay que olvidar que gran número de personas ejercen esta sangrienta actividad sin disponer de licencia, de modo ilegal, aunque debido al mayor control ejercido en este sentido por la Administración esta última cifra no crece, por lo que se puede deducir que a medida que pasa el tiempo es menor la cantidad de personas que disfrutan reventando las entrañas de un animal que corre libre por su hábitat, señal de que poco a poco vamos ganando en respeto y afán de preservar lo que algunos se empeñan en destruir con sus armas, sean legales o ilegales.

 

En España entre las diferentes modalidades de caza se exterminan al año unos 30 millones de animales y se disparan alrededor de 250 millones de cartuchos, que suponen unas 5.000 toneladas de plomo que contaminan el entorno y conllevan la muerte indirecta de gran cantidad de ejemplares. De hecho al año mueren unas 30.000 aves acuáticas por esta causa.

 

 

TIPOS DE CAZA

 

Existen tres tipos de caza diferenciados en su denominación, pero que comparten un denominador común siniestro. Todos ellos, independientemente de la víctima abatida, suponen dolor, muerte y la agonía para las crías desasistidas después de que un hombre, que probablemente besará a sus hijos al llegar a su casa tras una jornada de caza, haya matado a su madre y con tal acción habrá firmado su muerte por inanición.

 

Una es la caza mayor, que engloba a animales como el corzo, la cabra montesa, el rebeco, el argüí, el muflón o el jabalí. Otra es la caza menor, que sobre todo incluye la liebre y el conejo. Por último, está la caza volátil, con animales de especies como la perdiz, la codorniz o los patos.

 

Caza furtiva

Si las especies nombradas en el apartado anterior constituyen parte, que no todas, de las que se permiten cazar en nuestro oaís, existen otras protegidas que también forman parte del macabro elenco de piezas que los cazadores exhiben orgullosos. Es este el caso de los furtivos, cuyo número es muy abundante, y a pesar de que desde las federaciones de caza se critique su existencia, es fácil hallar referencias en los foros de cazadores en las que sus miembros admiten haber abatido en alguna ocasión este tipo de animales. Aquí nos encontramos con animales como el lince ibérico, el oso pardo, el lobo ibérico, el quebrantahuesos, el águila imperial o el urogallo cantábrico y pirenaico entre otros, cuyos cadáveres son un preciado trofeo entre cazadores, porque su egoísmo y su ligereza de dedo a la hora de apretar el gatillo, están por encima de cualquier consideración de respeto a la vida de otros.

 

Hay muchas formas de furtivismo: huroneros, buscadores de trofeos, hueveros, carniceros, fareros, etc. Sirviéndose de procedimientos cuyo objetivo es matar la mayor cantidad posible en el menor tiempo, utilizan medios prohibidos para alcanzar sus fines. Hay casos que harían vomitar a cualquiera que tenga un poco de sensibilidad, como los que por conseguir un trofeo que lucir en su salón matan a animales a los que cortan la cabeza y abandonan el resto del cuerpo, o los que inyectan veneno en los huevos de los nidos para que al ser picoteados por animales como las urracas, caigan fulminados. Estos delincuentes, muchos de ellos con licencia de caza y federados, utilizan artilugios repugnantes para sus fechorías, como cepos donde en ocasiones caen atrapados sus propios perros y allí quedan abandonados. Se han visto cabras montesas sin una pata, mutiladas por una de estas trampas, redes, mallas, jaulas, explosivos, sistemas de electrocución, linternas, escopetas con visores nocturnos y toda clase de venenos. Una verdadera industria de la muerte al servicio del divertimento de unos cuantos y del beneficio económico de otros tantos.

 

El SEPRONA cada año detiene a un gran número de personas por hechos de este tipo y se incoan miles de expedientes por infracciones o delitos relacionados con la caza. Igualmente se procede a la destrucción de centenares de armas prohibidas requisadas, pero lamentablemente estos números sólo muestran una pequeña proporción, la que sale a la luz, de los muchos casos que existen, permaneciendo la mayor parte de ellos impunes.

 

Operativos policiales como el ocurrido en el mes de marzo bajo en nombre de Operación Bambi, en el que fueron detenidas una docena de personas y se requisaron más de 500 "trofeos", muestran que estas mafias son capaces de operar en varias provincias a la vez, que disponen de un entramado muy sofisticado, de gran cantidad de medios técnicos, y que mueven cifras ingentes de dinero. Es significativo reseñar que en esta operación fueron detenidos como parte involucrada en la misma toreros y banderilleros, lo que una vez más nos confirma que aquel que no respeta a los animales, es capaz de extender su placer por la tortura a diferentes ámbitos aun siendo estos delictivos.

 

 

ACCIDENTES DE CAZA

 

Cada año mueren en España decenas de personas por accidentes de caza, tanto cazadores como gente ajena a la misma, y el número de lesionados por este tipo de siniestros ronda el millar. Hay casos como el de un padre que le descerrajó un tiro en la cabeza a su hijo al meterse este entre el tirador y el animal, o el de otro que confundió a un hombre de sesenta años que paseaba por la zona con un jabalí. En ambas ocasiones murieron de una forma trágica y por supuesto absurda, tan absurda como la que acaba con la vida de los animales que esos homicidas involuntarios intentaban abatir.

 

 

LOS PERROS DE LOS CAZADORES

 

Los perros de los cazadores son las otras grandes víctimas de su pasión por matar. Desde su selección hasta su entrenamiento, pasando por su transporte hacinados y su utilización en la propia caza, como perros de acoso, de agarre, de busca o de enfrentamiento directo con la presa, se somete a estos animales a un altísimo grado de sufrimiento, con gran número de casos con resultado de heridas insuperables y la muerte tras una dolorosa agonía. Muchos caen en la propias trampas de caza y otros, como ocurre de forma especial con los galgos, son desechados por sus dueños una vez que no son válidos para cazar. Utilizan diferentes métodos para acabar con ellos: el abandono, un disparo, el ahogamiento, el ahorcamiento, el apaleamiento… Toda una serie de atrocidades para librarse de una “herramienta” ya innecesaria. En España mueren al año entre 50.000 y 100.000 galgos en la mayoría de los casos a manos de sus dueños, ya que un galguero cría una media de 15 galgos al año y “elimina” el mismo número de ejemplares.

 

 

LAS RAZONES DE LOS CAZADORES

 

Una de las razones que aducen hoy en día los cazadores para continuar con su actividad es que existe la llamada caza de subsistencia, un argumento falso que no es posible creer. Lejanos quedan los tiempos en los que el hambre, un hambre real en este país, llevaba a muchas personas a salir al monte con la intención de cobrar alguna pieza que llevar al puchero y dar de comer a sus hijos famélicos, y ya en aquel entonces, existían los señoritos, dueños de grandes fincas algunos y de considerable poder adquisitivo la mayoría o capaces de tener influencias en determinados sectores, rodeados de serviles oportunistas, que practicaban la caza como diversión al tiempo que aprovechaban para establecer relaciones sociales con los estamentos que les interesaban y para cerrar negocios. Hoy en día en la caza está presente desde el personaje con dinero que llega a pagar 6.000 euros por un puesto de caza mayor durante un solo día hasta el más común, aquel que perfectamente pertrechado sube al monte con su todoterreno (cuyas emisiones nocivas, por cierto, superan los 200 gr. de CO2/km.) y disfruta pegando tiros a los animales para luego, con sus compañeros de hazañas, hacerse la fotografía junto a los cadáveres de sus víctimas e irse a comer todos juntos a un restaurante, mientras los muertos son enviados a una empresa encargada de “gestionar ese tipo de residuos”, como se hace en los campeonatos de caza de raposos (zorros) en Galicia. ¿Caza de subsistencia o diversión basada en “quién mata más”?

 

También hablan del control de especies, de que su actividad es necesaria para regular las poblaciones de animales pero, si fuera así, ¿alguien puede explicarse porque cuando en determinada zona una “variedad cinegética” escasea ellos se encargan de repoblarla? ¿Lo que les mueve es ese tan cacareado deseo de lograr un equilibrio, o lo que quieren son blancos vivos para poder dispararles? También hay que tener presente que si en ocasiones los animales rondan zonas pobladas es porque poco a poco vamos acabando, debido a la caza, con los animales de los que se alimentan, y porque les vamos recortando y limitando su hábitat natural. Ahí están los llamados "vallados cinegéticos", que crecen de forma lamentable, ponen fronteras dentro de los montes sin ningún tipo de criterio medioambiental y suponen una verdadera sentencia de muerte para los animales de muchas especies, sobre todo de caza mayor, cuya extensión para procurarse alimento se ve reducida de forma drástica afectando este hecho a toda la fauna de la zona. Con razón en el ámbito de la caza defensor de este tipo de cárceles de la Naturaleza se refieren a estos animales como a “reses”.

 

 

 

CAZA EN OTROS PAÍSES

 

Uno de los aspectos que muestra cuál es la verdadera razón que lleva a los cazadores a desempeñar esta actividad es el alto número de aquellos que, cuando puede, se desplaza a otros países para participar en cacerías de animales de especies que aquí no existen o que están protegidas. En los diferentes foros de caza encontramos abundante información sobre esta posibilidad y podemos “disfrutar” de las fotografías que cuelgan a su regreso estos adeptos a un turismo exterminador, posando al lado de elefantes, tigres, osos, etc. Hay estados cuyas autoridades, previo pago, expiden permisos para cazar animales de especies en riesgo de extinción en los mismos y de eso se aprovechan nuestros cazadores, los mismos que aquí aseguran cazar por razones de control de especies, por subsistencia o que en manifestaciones como la que celebraron el 1 de marzo en Madrid, aseguraban ser los primeros ecologistas y conservacionistas.

 

 

LOS SENTIMIENTOS DE LOS CAZADORES

 

Nada mejor que escuchar a una persona entre sus iguales para conocer sus verdaderos sentimientos y no aquellos tergiversados o falaces que emplea según el lugar y en función de quien le escuche. Por ello podemos conocer qué es lo que les mueve y cuál es su sensibilidad real viendo cómo se expresan en sus páginas de caza. En estos lugares es posible leer expresiones tales como que “hay que cazar en vez de zorros a hijos de puta ecologistas, colgarles de un árbol por los cojones y practicar tiro al blanco con esas personas"; que les produciría placer ensañarse con ellos y decidir si tendrían que vivir o morir; que les gustaría tener su cabeza disecada junto al resto de trofeos, e incluso explican cómo matar a gatos y disculpan al conocido individuo de Talavera de la Reina (Toledo) que se exhibía en Internet con los gatos que previamente había matado a pedradas.

 

Ante semejante serie de aberraciones que cualquiera puede leer en sus foros y viendo sus fotografías, sonrientes ante sus víctimas destripadas y sus perros, muchas veces moribundos al haberlos sometido a un enfrentamiento a otro animal, poco se puede añadir. La brutalidad de estas personas habla por sí sola y cualquier frase es insuficiente para expresar la reacción que suscitan a los que no han convertido su vida en un culto a la muerte de otro seres y les repugna saber que eso existe a su alrededor.

 

 

CONCLUSIONES

 

Ante este amargo panorama que aquí queda perfilado de forma muy resumida, sólo nos resta seguir trabajando y esforzándonos por dar a conocer una realidad sangrante. Porque cada minuto que pasa mueren más de cincuenta animales de una forma u otra a manos de los cazadores en nuestro país, y las personas sensibles, que son las más, llegará un instante en el que no podrán consentir que la diversión de unos cuantos pase por la mutilación, la agonía y la muerte de otros muchos. Las disculpas de los cazadores, que jamás argumentos, son ya razones vacías de sentido a los ojos de la mayoría. Por algo las licencias de caza van disminuyendo, y poco a poco su entretenimiento y sus justificaciones formarán parte del atroz repertorio de excusas con las que a lo largo de la historia algunos seres crueles, egoístas y energúmenos han tratado de erigirse en dueños de la vida y de la muerte de otros, exactamente igual que los cazadores, individuos para los que acabar con vidas es un divertido privilegio que no quieren perder.

 

 

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