Manifiesto por la abolición del Toro de la Vega (2008)
Valladolid - 28/12/2008
Esta tradición, originada en los lances de armas de la Edad Media, está completamente obsoleta. Nunca ha tenido justificación, y menos aún en pleno siglo XXI.

Nos encontramos aquí reunidos, porque creemos en la igualdad entre todos los animales y en su derecho a no ser torturados ni masacrados. Y porque, conocedores de la historia, sabemos que la evolución es una de sus principales premisas, y queremos que siga siéndolo.
Todas las tradiciones tienen un comienzo, un momento en el que son una novedad. Surgen por una serie de circunstancias, y van asentándose, evolucionando o desapareciendo porque éstas cambian.
A finales de la Edad Media, las guerras y las pestes habían dejado un clima de desconfianza hacia los vecinos y muchas viudas sin medios de subsistencia. A los poderes establecidos se les ocurrió que echando la culpa de todo a estas mujeres, que eran una carga económica para sus familiares, podrían desviar la atención de las gentes descontentas. Comenzó una caza y quema de brujas en Europa, convertida en espectáculo público y festejada por muchos de los vecinos de las personas masacradas, que hasta poco antes habían mantenido relaciones cordiales, incluso familiares, con ellas. Hoy esto nos parece una aberración.
Hace muy poco tiempo, las mujeres de Afganistán no contaban con ningún derecho. Incluso cubiertas por completo con el burka, si salían de casa tenían que estar acompañadas por un hombre de la familia, no podían estudiar, ejercer sus profesiones ni ser atendidas por un médico. La comunidad internacional miraba y no hacía nada. Hasta que el problema les tocó de cerca, en forma de ataque terrorista. Pero todos pensamos que esto era (y sigue siendo) una aberración. Y abogamos por su desaparición.
En muchos países, se sigue lapidando a la gente considerada adúltera aunque hayan sido víctimas de una violación, algo que ya vemos en la Biblia en tiempos del rey David. Y firmamos constantes peticiones para que esta práctica tradicional desaparezca.
“La maté porque era mía” es una frase de nuestra tradición. Hoy tenemos que luchar contra el maltrato familiar.
“La mujer con la pata quebrada y en casa”; “la mujer y la sartén, en la cocina están bien”… son más frases de nuestra cultura tradicional.
Hasta hace poco, si una mujer iba al volante era frecuente que algunos conductores masculinos le increparan “vete a casa, a fregar”.
Si nos fijamos, muchas de estas tradiciones son formas de afianzamiento de una cultura machista defendida por hombres y mujeres. Las brujas eran mayoritariamente mujeres pero, por supuesto, no podían tener tanto poder por si mismas, así que se les adjudicaba un jefe masculino: Lucifer.
Las celebraciones en las que se torturan animales adolecen, entre otros muchos, de los mismos defectos: Se disfruta con el espectáculo de un ser diferente masacrado, aunque se diga de él “le queremos mucho; para nosotros es como de la familia”. Pero, además, es un acto de afirmación de la cultura machista. A menudo estas prácticas van unidas a celebraciones de Vírgenes. Y la Virgen es mujer. Así que este acto, donde algunos hombres muestran su bravuconería ensañándose con un animal indefenso, jaleados por otros hombres y mujeres, es un intento de restar protagonismo a una mujer (la Virgen) en pro de una mal entendida masculinidad.Y si queremos justificarlo por su antigüedad, mucho mayor es la de la Ley de partidas de Alfonso X El Sabio, en la que se prohíben expresamente los festejos con toros (partida 7ª, VI, IV)
Esta tradición, originada en los lances de armas de la Edad Media, está completamente obsoleta. Nunca ha tenido justificación, y menos aún en pleno siglo XXI.
Pedimos que, al igual que la destrucción de planeta y el maltrato a seres humanos, el aplicado a los animales sea erradicado de nuestra cultura y pase a engrosar las páginas negras de la historia humana, en su avance hacia una mayor empatía con el resto del planeta.
Por un mundo donde nuestros hijos y los hijos de los demás puedan vivir con alegría y esperanza.
Mercedes Cano Herrera
Profesora de Antropología Social de la Universidad de Valladolid,
Activista de LIBERA!













