Un inmoral fraude a la ciencia
EE.UU. - 21/07/2009
EEUU destapa un caso de fraude científico millonario: dos investigadores de la Universidad de Alabama llevaban más de siete años publicando datos falsos

Fuente: Público
Dos investigadores de EEUU acaban de escribir el último capítulo en la historia del fraude científico, tras falsear durante más de siete años los resultados de sus estudios. Los expertos amañaron sus experimentos sobre trasplantes de riñón en macacos y llegaron a publicar datos falsos hasta en 16 ocasiones, según investigaciones del Gobierno estadounidense y la Universidad de Alabama (UAB), donde trabajaban ambos.
Hasta el momento de descubrirse sus manejos, los investigadores, Judith Thomas y Juan Luis Contreras, habían recibido más de 20 millones de dólares (14 millones de euros) de las arcas públicas para financiar su trabajo, según la revista The Scientist. Ambos han renunciado a sus puestos en el Departamento de Cirugía de la UAB. Además, sus nombres figurarán en la lista negra de científicos vetados para recibir dinero público. "Este comportamiento es absolutamente inaceptable y no será tolerado en la Universidad", señalaba el vicepresidente de Investigación de la UAB en un comunicado de prensa.
Thomas y Contreras estaban probando en monos la efectividad de varios medicamentos para evitar el rechazo después de un trasplante de riñón. Los investigadores debían extirpar primero un riñón, trasplantar uno nuevo, administrar después los medicamentos y retirar por último el otro riñón sano para ver si el mono podía hacer frente al trasplante. Pero hasta en 32 casos los expertos no retiraron uno de los riñones sanos, lo que habría exagerado las bondades de los medicamentos.
Los investigadores han aceptado ser responsables de los hechos, pero niegan haberlo hecho intencionadamente, según el informe de la Oficina para la Integridad de la Investigación (ORI). Esta organización, dependiente del Departamento de Salud de EEUU, se encarga de estudiar denuncias de fraude en la ciencia financiado con dinero público.
Responsables por igual
La ORI fue alertada por expertos de la UAB que creían haber detectado irregularidades en 2008. En un principio, Thomas, la líder del equipo, le echó las culpas a Contreras. Pero la investigación de la ORI ha concluido que ambos expertos han sido responsables del engaño. Según el informe, los dos científicos publicaron datos falsos desde 1998 a 2005 en revistas como Transplantation o Journal of Inmunology, así como en solicitudes para ayudas públicas del Instituto Nacional de Salud de EEUU.
Thomas ha aceptado una sanción que le prohibirá recibir fondos públicos durante diez años. En el caso de Contreras serán tres. Estos y otros expertos acusados de fraude no sólo se exponen a la inhabilitación y el descrédito ante la comunidad científica. Conseguir becas públicas para la investigación con datos falsos constituye un delito penado con hasta cinco años de cárcel en EEUU. Este fue el caso de Eric Poehlman, un experto en obesidad que fue condenado en 2006 a un año de cárcel por mentir en 17 solicitudes.
"Este es un caso grave y como tal se ha tratado" , opina Pere Puigdomènech, que dirige el Comité de Ética del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Cálculos no oficiales indican que el porcentaje de artículos fraudulentos no supera el 1% de los casos. Pero en EEUU, uno de los líderes en producción científica mundial, ese 1% supone muchos más fraudes que en un país como España, señala Puigdomènech.
No obstante, cada vez son más las instituciones que están implantando sistemas para detectar y castigar a aquellos que se dejan llevar por la tentación, señala el experto. En España, se espera que la Ley de la Ciencia cree un Comité de Ética que regule estos casos.
Desde LIBERA!
A los históricos argumentos de la consciencia ahora se suman los conocimientos de la ciencia, y ambos indican que los animales son seres con capacidad de sentir, y por tanto de interpretar el dolor como sufrimiento, diferenciar el malestar del placer y la libertad de la falta de ella.
En este sentido la sociedad humana tiene el deber ético de evitar al máximo posible el sufrimiento de los animales, y optar por formas de investigación clínica y pre-clínica enmarcadas en modelos efectivos a la vez que incruentos, donde no se utilicen animales para testar productos y tratamientos médicos humanos.
No hay duda de que el infligir dolor a los animales sin sentido alguno es algo rechazado por la sociedad moderna, pero aún existen menos dudas de que es algo negativo. La utilización de animales en la experimentación debería, por tanto, evitarse definitivamente.
El parecido de los humanos con los animales es un tema de discusión entre la franja antropocentrista y los defensores de los animales como seres sensibles y por tanto merecedores de derechos básicos.
La pregunta, entonces, de cara a la experimentación es la siguiente: si los animales no se nos parecen ¿qué sentido tiene experimentar en ellos? Y si sí se nos parecen ¿no deberían tener derechos al menos parecidos?
No es parecido que un ser humano tenga derecho a no ser insultado, y a que sus datos bancarios no puedan ser revelados, a que un animal tenga que estar atrapado, conectado a electrodos que lo vuelven loco, abierto en canal sin anestesia, o teniendo que ingerir un litro de legía por boca o por ojos hasta encontrarse con muerte dolorosa a la vez que lenta. Eso, en términos individuales y absolutos, no es en absoluto “parecido”.
La hipocresía y la demagogia del sector vivisector mantiene que es más importante la vida de una niña que la de una rata. Lo que no dice es que la rata no salva a la niña, y que para ellos siempre depende… de cuánto dinero tengan los padres de la niña en relación a cuánto les cuestan las ratas.




















